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En Uruguay, sobre la ruta 11 en el km 18, Cesar (34) y su primo Edgardo (58) llevan adelante un proyecto bastante particular para este país. Ellos se encargan de un huerto donde se cultivan frutas y verduras producidas de forma natural y sin ningún tipo de agregados químicos. Además de una gran variedad de plantas ornamentales. Con la cosecha del huerto proveen un kiosco, que ellos armaron en la ruta, a 400 metros de la casa, donde nadie atiende y las ventas de éste, dependen exclusivamente de la honestidad de sus clientes.
“Cuando éramos niños venía el lechero todos los días por la mañana. Uno de nosotros debía levantarse temprano y dejar la botella arriba del muro y una vez por semana dejábamos el dinero debajo de esa botella. Por 8 o 10 años, nunca faltó un centavo. Era todo a confianza. Y este proyecto me acuerda a esa época.” Dice Cesar hablando sobre su kiosco.
Existe en otros paises. Pick your own, así si llama en EEUU, Canadá , Alemania, Italia, Japón, Sudáfrica, Nueva Zelanda, Reino Unido etc.. La traducción al español sería, recoge el tuyo.
Una modalidad diferente y alternativa de comercio que surge entre otras cosas por el alto costo de mano de obra en momentos que los precios de verduras y frutas alcanzaron precios muy bajos determinaron la imposibilidad de algunos productores de realizar la cosecha por lo que invitan a que sea recogida por los propios consumidores. Ellos en una jornada generalmente familiar y o con amigos, van a la granja cosechan su alimento y al retirarse se encargan de hacer el pago.
Un negocio basado en la confianza y la honestidad del cliente.
Cesar comenta sobre su experiencia: “A veces me acerco a algún cliente a saludar y agradecer por la compra y me dicen: “pero si yo hace más de un año que compro acá.”
Cada verdura llevada del huerto al kiosco, cuenta con un precio que es marcado previamente y una vez en el puesto el cliente debe depositar el dinero justo en una caja antes de retirarse. Tres veces al día Cesar o Edgardo pasan a reponer la mercadería que falta y a levantar el dinero de la caja.
La venta en el kiosco sobre la ruta comenzó hace 1 año y medio atrás cuando tenían productos como zapallo y limones en exceso y no sabían que hacer con ellos. Fue entonces cuando Yvana (su tía) les aconsejó con esta idea. Ese mismo día se pusieron a trabajar en al kiosco y Cesar recuerda con simpatía que la primer venta fue de 2 bolsas de limones.
La rutina es sencilla, se dividen las tareas con Edgardo. Comienzan a las 6 de la mañana y a las 8 ya tienen pronto el primer viaje al puesto. Luego vuelven al medio día y otra vez en la tarde. El mayor éxito de ventas en los días de calor en pleno febrero han sido las ensaladas triples. Ellos en la primera hora de la mañana eligen cuidadosamente las mejores y más tiernas hojas de dos tipos diferentes de lechugas y rúcula.
Experiencias diferentes y nuevas como esta, nos acercan a productos de buena calidad a un precio razonable y por sobre todo fomentan valores como la confianza en momentos donde el miedo, la inseguridad, reinan en los titulares de todos los noticieros.

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